Nos sale de dentro juzgar a las personas que nos rodean. Juzgamos la forma de vestir de los desconocidos. La forma de cuidar el jardín de nuestros vecinos. Y la forma de actuar en público de nuestros amigos. Sí, emitimos esos juicios constantemente sin pensar nunca que algún día puede que seamos nosotros los juzgados.
Sí, nos sale de dentro juzgar a las personas que nos rodean, y también nos sale de dentro culpar a los demás de nuestros errores.
Nos sale de dentro juzgar a las personas que nos rodean. Si ignoran nuestros deseos creemos que nos faltan al respeto. Si no vigílan a sus hijos concluimos que son malos padres. Si los pillamos engañando a su pareja asumimos que conocemos sus razones. ¿Pero que pasa cuando por fín nos paramos un momento a juzgar nuestras propias vidas? Puede ser doloroso dar un paso atrás y ver lo que hemos estado haciendo, y más doloroso aún comprender que no tenemos la menor intención de parar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario